¿Que es el brandy, y cómo surgió esa bebida tan particular?
El brandy, en esencia, es vino destilado, ciertamente. Pero, resumirlo así seria trivializarlo. Tras cada trago, se oculta historia, mucha paciencia, y la sutil influencia de la madera.
El nombre procede del holandés brandewijn, que se traduce literalmente como «vino quemado». Y bueno, tiene su lógica: el vino se calienta y cambia, dando origen a una bebida con mayor intensidad y personalidad, usualmente con un contenido alcohólico entre el 36 % y el 45 %.
Sus orígenes datan del siglo XII, cuando los mercaderes querían preservar el vino durante sus largos trayectos. Lo que inicio como una simple solución, acabo convirtiéndose en una de las bebidas mas valoradas mundialmente.
Un vistazo a su nombre, y aquello que lo diferencia
La palabra brandy – ese «vino quemado» que inventaron los holandeses – ya nos cuenta una parte de la historia. Con el tiempo, la destilación se perfeccionó, y cada zona le añadío su toque distintivo. En sitios con tradición vinícola, como España o Francia, llego a ser casi arte puro.
A diferencia de licores, a menudo dulzones, cargados de azúcares y aromas artificiales, el brandy es más seco, mucho más serío. Se obtiene directamente del vino, o otras frutas fermentadas, sin aditivos, lo cual le da una complejidad distintiva.
Qué hay exactamente dentro del brandy
Aparte del alcohol, el brandy atesora un universo aromático. Todo depende de la clase de uva, como es destilado y del tiempo que duerme en barrica. Cada insignificante detalle importa: la clase de madera, la humedad del entorno, los años de añejamiento…
Por eso, dos brandis pudieran lucir similares, y aun así oler y saber absolutamente distintos.
De la Edad Media a las bodegas actuales
La historia del brandy empezó casi por casualidad. En la Edad Media, se destilaba vino para que fuera más fácil transportarlo. Con el paso del tiempo, alguien descubrió que, al dejar reposar ese líquido en madera, el sabor cambiaba… y que mejoraba.
España fue de los países que más fomentaron esta costumbre.
En la zona del Marco de Jerez, el empleo de barriles de roble originó un estilo muy característico. Fue allí donde surgieron los brandis mas famosos del país, madurados a través del sistema de criaderas y soleras, que mezcla brandis nuevos con otros antiguos, siempre conservando la armonía.
Entretanto, en Francia, las áreas de Cognac y Armagnac comenzaban a ganar fama. Los franceses optaron por la doble destilación y por una variedad de uva particular —la Ugni Blanc— que produjo destilados mas delicados y distinguidos.
Cómo se elabora: del vino a la copa
El proceso es fácil de explicar, aunq dificil de dominar. Primero se fermenta el vino o la fruta. Después, se destila en alambiques, muchas veces hechos de cobre, ya que reparten mejor el calor y potencian los olores.
Hay dos formas fundamentales de hacerlo:
- La destilación continua, que permite fabricar grandes volúmenes.
- Y la destilación tradicional, más lenta y exacta, con la que se persigue la máxima calidad.
Luego llega lo crucial: el envejecimiento. El brandy descansa en barricas donde el tiempo realiza su magia.
Allí, el color se intensifica, el alcohol se amansa, y surgen matices encantadores, tal como vainilla, frutos secos, ¡incluso madera! Algo del líquido se pierde por evaporación –los bodegueros lo llaman «la parte de los ángeles»–, aun así, lo que queda… ¡es una maravilla!.
Los brandies que mas se distinguen:
- Brandy de Jerez: Es el mas notable de toda España, envejece en toneles que tiempo atrás guardaron vino de Jerez; de ahí su toque especial.
- Solera: un mínimo de 6 meses.
- Solera Reserva: un tiempo superior a un año.
- Gran Reserva: tres años o más, aunque bastante más de diez años.
- Cognac: Procede de Francia, es elegante y perfumado. Su destilación es doble, y su añejamiento, en roble francés.
- VS: al menos 2 años.
- VSOP: cuatro años, como minimo.
- XO: más de diez años.
- Armagnac: Este es más fuerte y con un toque rústico que el Cognac; se destila una única vez, retiene más aromas frutales, a veces con un matiz ahumado.
Otros brandies del mundo: Se producen también en sitios como Chile, Sudáfrica, México. Hasta con frutas diferentes, como las manzanas (ejemplo, el Calvados francés). Cada cual con su propia personalidad, sus propias notas.
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Brandy y coñac: ¡Similares, pero no iguales!
A simple vista, puedean parecer idénticos; Pero, el brandy y el coñac poseen personalidades MUY distintas. Ambos provienen del vino destilado, claro, pero se distinguen por su origen, su elaboración y las leyes que los gobiernan.
Origen y denominaciones
El brandy… un concepto muy grande: cualquier destilado de vino cabe en esta categoría. Se hace en muchísimos lugares —España, Francia, Italia, América…— y cada zona añade su toque único.
El coñac, sin embargo, es un tipo de brandy. Únicamente se fabrica en la región francesa de Cognac, y para tener ese nombre, tiene que seguir unas reglas muy duras, vigilando desde la uva hasta el proceso de destilación y el tiempo MÍNIMO de maduración.
Cómo se hace
El proceso para crear brandy varía MUCHÍSIMO según el productor. Algunos usan métodos tradicionales con alambiques de cobre, otros usan métodos más modernos y constantes. Por norma general, se busca un destilado limpio y con aroma, muy a menudo a través de doble destilación.
El coñac, vaya, está amarrado a normas bien específicas. Se destila solo en alambiques de cobre Charentais, ¡así nomás! sigue un método casi idéntico desde hace siglos. Es precisamente esa exactitud técnica la que le otorga su suavidad, su complejidad tan notable.
Uvas y el mero asunto
El brandy, ¿sabes?, puede prepararse con otras frutas, si bien lo común es usar vino de uva. Distintas variedades se utilizan, depende la zona, dando lugar a una vasta diversidad de sabores: ¡un brandy español, otro chileno, otro italiano!
El coñac, sin embargo, se hace solo con uvas de la región de Cognac. La Ugni Blanc es la que más se usa, una uva muy ácida que aguanta bien el paso del tiempo y da frescura al destilado.
El paso de los años
Tanto el brandy como el coñac, ambos necesitan tiempo para encontrar su punto, pero las reglas cambian ¡claro! según el país. El coñac, pa’ que te enteres, debe envejecer al menos dos años en barricas de roble francés, aunque casi siempre lo dejan mucho más.
Ese contacto extendido con la madera, es eso mismo, lo que le otorga sus tonalidades de vainilla, nuez, y especias suaves.
El brandy, por otro lado, goza de regulaciones más relajadas: algunos descansan solamente unos pocos meses, en cambio otros perduran por décadas en barricas, desarrollando sabores más profundos y redondos.
Algunos detalles curiosos y técnicos ah, si
Graduación alcohólica:
El brandy normalmente fluctúa entre el 36% y el 60% de alcohol, o algo por ahí. Los maestros destiladores vigilan este rango con cautela: si es demasiado alto, los aromas se pierden, vaya, una pena; si es demasiado bajo, el sabor se diluye, ¡uy!
Antes de embotellar, el destilado frecuentemente se diluye con agua purificada para lograr el grado ideal, y para redondear su textura, claro.
El arte del ensamblaje
Crear un brandy con su propia identidad no depende únicamente de una buena destilación, también está el arte de la mezcla, ya sabes.
Los productores combinan diferentes añadas y barricas, buscando un sabor equilibrado y constante. Este método, inspirado en el sistema de criaderas y soleras, permite que cada botella albergue una pequeña fracción de la historia de la bodega.
Se pueden combinar brandis jóvenes con otros muy antiguos, si.
Cada barrica añade notas únicas: madera, frutos secos, vainilla o especias, asi es.
El poder de la madera.
Una barrica es, por decirlo asi, todo un universo propio. Al madurar, el brandy se empapa de la madera de roble, construyendo su carácter.
El roble americano, oh sí, le da dulzura, vainilla, un ligero toque a coco.
El roble francés, al contrario, libera aromas más delicados, de especias y frutos, oh yeah.
Es esa danza entre el licor y la madera lo que transmuta un destilado transparente en un fluido dorado, repleto de complejidades.
Historia y cambio
El sistema tradicional de criaderas y soleras, oriundo del sur de España, aún es ejemplo por mantener una calidad, si, siempre igual. Aunque hoy, varias bodegas modernas prueban métodos nuevos, procurando perfeccionar aún más el resultado sin olvidar la tradición.
La armonía entre lo nuevo y el pasado es lo que le da vida al brandy, permitiendo a cada lugar del mundo imprimirle su propio sello.
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